Para nuestra estadía habíamos alquilado auto, no solo para trasladarnos desde el Aeropuerto de Trelew hasta Puerto Pirámides, sino también para poder recorrer la península que tiene mucho para ofrecer en sus 3.625km2. El objetivo del día era ese. La noche anterior había lloviznado, y los caminos suelen estar peligrosos luego de una noche de lluvia, así que averiguamos en la oficina de turismo que estaba enfrente del hotel sobre cómo estaban las rutas, y luego de asegurarnos que estaban en condiciones, emprendimos nuestro recorrido.

Tres son los destinos a los que se puede llegar desde Puerto Pirámides. Uno en cada extremo. Punta Norte, donde se realizan avistajes de Orcas cuando las hay (diciembre), Caleta Valdés, donde se pueden ver lobos y elefantes marinos en su hábitat natural, y Punta Delgada en el extremo Sur, donde se puede visitar el Faro, comer algo en un restaurant que hay, y luego realizar una excursión para ver los mismos animales que hay en Caleta Valdés. Vale aclarar que Caleta Valdés es Público, y Punta Delgada privado, donde tenés que pagar una entrada de aproximadamente 10 usd por persona, o bien, comer algo en el restaurante (https://www.puntadelgada.com/restaurant), lo que te habilita a entrar en el lugar sin pagar entrada.

Como Orcas no había en el momento que nosotros lo visitábamos, y Punta Delgada no nos cerraba por ser un pedazo de tierra privada en un territorio declarado Patrimonio de la Humanidad por UNESCO, decidimos ir a Caleta Valdés, así que emprendimos los 90km que lo separan Puerto Pirámides, totalmente en ruta de ripio, pero con muy buen mantenimiento.

Coincidíamos con Sofía que los casi 100 km en ripio ya son razón suficiente para hacer este viaje. La soledad del lugar hace que casi no te cruces con autos (nos habremos cruzado con uno cada 30 km con suerte). Una y otra vez debíamos frenar por enfrentarnos a grupos numerosos de Guanacos que actuaban como semáforos naturales del camino y nos exigían estar alerta en todo momento al camino y a la velocidad que transitábamos. Y finalmente  la belleza del paisaje. En el medio claro, el infaltable mate que ameniza las charlas en familia que pasan por los más diversos temas, pero que en ese contexto todo tiene otra profundidad.

Volviendo a nuestro camino, combinamos la ruta 2, con la 47, y finalmente la 52, para llegar a la zona de la Caleta, que verdaderamente es desolada, apenas un par de autos chapoteando entre los 3 miradores que tiene la caleta. Desde ningún mirador se ve cerca a los Elefantes marinos. Nosotros por suerte teníamos el lente fotográfico de largo alcance que nos servían como binoculares y pudimos verlos más de cerca, pero aún así están lejos, lo que nos hizo preguntar si no hubiera sido buen plan ir a punta delgada aún pagando los injustos 10usd, pero ya está, seguimos firmes en nuestro pensamiento anticapitalista (al menos en esto).

Más allá de los paradores pactados en el camino para todos los turistas, hicimos algunos propios al costado de la ruta, dado que veíamos que tenían mejor visión de los lobos y elefantes y también claro más viento. En definitiva el tiempo en ese lugar era nuestro, y el entorno sólo nos transmitía tranquilidad, y hábitat natural para esos animales, ni más, ni menos.

Pegamos la vuelta, antes que nos agarre la noche y la ruta se vuelva peligrosa entre el ripio y los animales, pero menos mal que nos agarró el atardecer en la ruta, porque son de esos momentos en que solo el Cazador de Atardeceres puede explicar. La combinación de naranjas grises de las nubes y negros de las sombras, hacen del momento un instante único cada día.

Retornamos al pueblo, y mientras cenamos en el restaurante “La Estación” https://www.facebook.com/laestacionBaryResto, sumamente recomendable, charlábamos con Sofía sobre las ansiedades propias de personas como nosotros acostumbrados a la gran ciudad, y la paz de los habitantes de estas tierras, donde se espera al verdulero que solo viene los días viernes en su Sprinter, que solo tienen una estación de servicio, que si se queda sin combustible, el pueblo queda parado, que tiene un solo cajero automático, que si no tiene mas plata, el pueblo se queda sin plata, y así puedo seguir con todas las limitaciones que desde nuestra perspectiva allí se tienen. El punto a pensar, es si realmente son necesidades reales, o si son necesidades creadas por las grandes urbes. Nosotros tenemos muchas más facilidades, pero seguro que ellos desarrollan otras habilidades de las que nosotros distamos. Una y otra vez reniego contra la centralización de este bendito país, y sobre todo contra la creación de necesidades innecesarias en las que estamos inmersos.