Las primeras sensaciones en Puerto Pirámides

“Hoy las GORDAS están muy alegres” Nos comenta Emilia, la recepcionista del hotel, mientras por el ventanal que da a la playa veíamos a varias ballenas con sus ballenatos captando la atención de todos nosotros con sus imponentes saltos. Si bien Emilia es de Buenos Aires, decidió radicarse en Puerto Pirámides porque se enamoró del lugar. Esa fue la primera vez de tantas que escuchamos a un lugareño llamar a las ballenas franca australes “GORDAS”. Un término cercano, cariñoso, como si fuera la gran familia de Península Valdés. Y así nos sentimos, parte de una hermandad que cuida, protege y defiende a estas ballenas. 

Esa fue la segunda impresión que tuvimos al llegar a Puerto Pirámides, la primera fue una imagen, de esas que te quedan grabadas. La vista de la costa del mar desde la ruta por la que arribamos. El camino parecía construido a propósito para que cuando llegas, puedas ver todo el pueblo con su costa desde ahí arriba. Salvando las distancias de tamaño, me recordó el día que llegué a Jujuy, un atardecer que parecía apuntado al hueco donde se ubica la ciudad. Bueno, esto era más o menos así, pero con el mar como protagonista principal.

Hace mucho que teníamos ganas de recorrer estos lados del país. Por una cosa u otra, lo veniamos posponiendo, hasta que por suerte lo pudimos concretar. Una demostración más que cuando te fijas un objetivo y lo ponés como prioridad, lo conseguís. Para llegar a Puerto Pirámides desde Puerto Madryn, se deben abonar una entrada cercana a los 10usd, ya que al ser Patrimonio de la Humanidad, se lo conserva especialmente. Lo pagamos con gusto, aunque no les vamos a negar que es un número.

El pueblo es chico, muy chico, hablando con Pedro, dueño de uno de los 2 almacenes del pueblo, nos comenta que durante la temporada, que se extiende por 8 / 9 meses entre Julio y Abril del año siguiente, hay unos 8 mil habitantes, luego, no llegan a 700, que son los que realmente viven aquí.

1 Colegio, una estación de servicio, y 1 cajero, todo en la calle principal. Son solo 3 las calles asfaltadas, en forma de herradura, la principal, que va paralelo al mar, y dos que bajan hacia él, lugar donde se localizan una al lado de otra las diferentes empresas que se especializan en brindar las excursiones al mar, principalmente el avistaje de ballenas. Son 5 las empresas, que se cartelizan para coptar el 100% de los turistas y viajeros que llegan. Tal es así, que en Puerto Madryn no se realizan avistajes y son estas mismas 5 empresas las que recogen turistas desde aquella ciudad y los traen a Puerto Pirámides para ver a las Gordas. De esa manera se aseguran que no entre ningún otro jugador.

La costa se extiende por casi 1500mts. Si, 1500mts de Playa, con restingas que conforman un paisaje espectacular, donde emana un sentimiento de tranquilidad difícil de igualar. En el medio, mucha mucha playa, más aún cuando el mar se retira con la marea baja. El paisaje se completa con 7 u 8 gomones, amarrados por su correspondiente tractor, que entran y salen del mar en ocasión de realizar los avistajes. Tractores chacareros de variados modelos y años, que contrastan con la arena y el mar, hacen las veces de puerto que remolcan para sacar y meter los gomones al agua.

Por lo que vinimos, el avistaje

Sin dudas el avistaje de ballenas es el imán que mayor cantidad de turismo atrae a esta ciudad. Dentro de las 5 empresas que realizan el avistaje, una sobresale del resto por contar con un barco-submarino que se denomina “Yellow Submarine” http://www.yellowsubmarinearg.com/. En él uno puede no solo ver a esas bestias desde la cubierta del barco, sino que además se las podía ver desde abajo del agua, en las profundidades del mar. Nosotros queríamos vivir la experiencia full. El problema que tuvimos fue que al momento de ir a embarcar, el viento del oeste tenía muy revuelto al mar y por todo el fin de semana se esperaba que se suspendieran todas las salidas del barco-submarino. No teníamos mucho margen, así que ahí mismo decidimos cambiar y subirnos con en el tradicional paseo.

Habíamos arrancado a las 2:30am para volar a las 5am, y manejamos desde Trelew hasta Puerto Pirámides, así que nuestro estado físico no era el mejor, pero aún así no íbamos a dejar pasar la oportunidad de ver a las Gordas. Gomón amarillo muy bien preparado. Unas 25 personas, frio, viento y el llanto de Cata completaba la escena de los primeros metros adentro del mar luego que el tractor nos remolcara al mar. Más allá de eso, las Gordas estaban muy alegres, y nos dieron un espectáculo difícil de olvidar.

Tan único en el mundo como las ballenas mismas es esta experiencia. Poner un tilde más en nuestra lista de experiencias a vivir. Si a mi me pareció impactante, les pido que por 10 segundos se imaginen lo que fue para Sofía grande, fanática de los animales en general. Estaba extasiada, con nuestro lente fotográfico de 300mm mirando a un lado y al otro para sacar la mejor toma de estos ejemplares, con los que te da ganas de tirarte al agua y que te lleven en su lomo. Cada vez que las veíamos, estaba la ballena madre, de unas 40 toneladas y 30mts de largo, con su ballenato, que van desde un par de semanas hasta no más de dos meses, saltarines y juguetones como cualquier bebe humano.

Desde hace 40 años la ballena franca austral, que año a año viene a estos lares a procrear y tener a sus crías, es una especie protegida. De estar en peligro de extinción, la protección hizo que esa tendencia se revirtiera, y desde hace unos años ya crece en su población a razón de 6% anual. Actualmente hay unos 3 mil ejemplares. Existen 11 tipos de ballenas, dos de ellas Francas, una la Austral, y la otra la Boreal, que habita en latitudes nortes. 

Agotados de un día interminable, pensábamos una y otra vez en los 30 mts y 40 Tonelada. Esas gordas hermosas las tuvimos a no más de 15 mts de la embarcación. Terminamos impactados por la experiencia vivida, y entendiendo un poco más el cariño y la defensa que los lugareños de Puerto Pirámides hacen de estos seres vivos. Ahí fue donde terminó de cobrar sentido porque Emilia había decidido dejar Buenos Aires para todos los días levantarse con las gordas allí no más.