Inicio 9 Blog 9 Saga Transmongoliana 3er Capitulo – El día que vivimos con un Kazajo

Saga Transmongoliana 3er Capitulo – El día que vivimos con un Kazajo

Sep 8, 2018 | Blog, Europa, Rusia

El tren atravesó todo nuestro viaje, formó parte de nosotros a lo largo del mes y medio que tardamos en recorrer los casi 7 mil kilómetros que separan Beijing de San Petersburgo. No nos tomó por sorpresa, era el corazón de esta aventura la red ferroviaria más grande del mundo, Transiberiana, o Transmongoliana, o Transmunchuriana, como la querramos llamar, pero es toda una misma red que solo se diferencian por las regiones que atraviesa.

Comenzábamos a definir nuestra vida arriba del tren en cada pasaje que queríamos comprar. Ante cada tramo de tren nos topábamos ante la disyuntiva de la clase en la que queríamos viajar. Existían 3 categorías, Primera, compartimentos cerrados para dos personas, Segunda, que al igual que primera eran compartimentos cerrados, pero para 4 personas, y finalmente tercera, con compartimentos abiertos, camas sobre los pasillos. En todos los casos, elegimos viajar en segunda a riesgo de quién sería nuestro acompañante, ya que si bien nosotros éramos 4, Cata al no pagar no ocupaba cama.

Así las cosas, los dos primeros tramos fueron más que tranquilos, porque nadie ocupó esa 4ta plaza en nuestro compartimento, y la vida dentro del tren hasta entonces nos sonreía. Cata dormía en una de las camas, y Sofía podía descansar. Teníamos tiempo para leer, escribir, y tomar alguna que otra cerveza en el vagón-restaurant. Pero todo cambiaría en el tramo entre Irkutsk y Yekaterimburgo.

A los 5 minutos de haber subido al tren, mientras acomodábamos nuestras valijas debajo de los asientos, y desplegábamos los elementos de vida arriba del tren (con la experiencia que nos daba haber hecho este ejercicio ya 3 veces), se nos sube un hombre, a quién bautizaremos “Misha”, de unos 35 años, con apariencia de 45, media estatura, de tez trigueña y pelo negro, con una sonrisa cómplice en todo momento.

Saludó como pudo, o como lo entendimos, acomodó las bolsas de comida que traía debajo de la mesa común, sacó la típica taza de té rusa que apoyó sobre la tabla, cambió sus zapatillas por unas pantuflas que nos daba el tren y finalmente colocó otras pertenencias en una de las camas de arriba que le correspondía por su ticket.

Mientras Misha se acomodaba, Sofía me miraba con cara de pocos amigos, ya que había sido yo el que insistió en no comprar un ticket extra para cada tramo y tener un compañero de cuarto claramente para ella era incómodo, siendo que aún amamantaba a Catalina. Pero la diferencia económica era muy significativa.

Volviendo a Misha, acomodado en el compartimento, se sentó en una de las camas de abajo y comenzó su maratónica tarea de querer comunicarse con nosotros, tarea casi imposible, ya que él no entendía ni inglés ni español y nosotros menos aún Kazajo. Nos mostró una foto en papel con la bandera de su país, y nosotros una foto de Messi con la camiseta Argentina. La situación era aún más complicada porque en el medio del trayecto no había señal de celular como para usar el google translate. Nosotros solo queríamos decirle que no entendíamos nada, mientras que él se empecinaba en querer contarnos sobre “misha” (de allí su apodo) que según pudimos entender significaba “mujer” en su idioma. Hasta acá llevábamos 15 minutos de viaje, y nuestro trayecto era de 36hs.

Sin darse por vencido en entablar comunicación, Misha me invita a ir a tomar algo al vagón-restaurante. Si bien yo no tenía nada de ganas, era una buena alternativa para dejar tranquilas a las Sofias y a Cata y que pudieran descansar un poco. Con gestos de amistad permanentes y palmadas en mi espalda, caminamos los 4 vagones que nos separaban del restaurante. Llegamos pido una lata de cerveza, y él una botella de ¾ de Vodka, si de ¾.

Sentados uno enfrente del otro en una de las mesas del vagón-restaurante, con las dificultades en la comunicación ya conocidas, y no sabiendo sinceramente que decir, comenzamos a degustar nuestras bebidas. A mi me hubiera encantado poder saber más de él, apostaba a que su vida era muy interesante, viniendo de un país cercano a Rusia pero tan lejano y exótico para nosotros, seguro hubiera podido entender mucho más la cultura de aquellas latitudes. Pero la comunicación era imposible. Las señas nos ayudaban un poco pero entablar una conversación era realmente difícil.

En un momento, luego de unos minutos, me pongo a filmar por la ventanilla del tren, para poder captar el momento, vuelvo mi mano a la lata de cerveza que estaba promediando su vida útil, y miro que Misha había empinado su botella de vodka buscando que las últimas gotas caigan en el fondo de su garganta. Incrédulo, miré el reloj para entender cuanto tiempo llevábamos allí sentados, y efectívamente no hacía ni 15 minutos.

Misha parecía acostumbrado tomar en esas cantidades, ya que terminó esa botella y se levantó como un resorte para buscar otra. Completó un litro y medio de vodka en casi una hora de viaje. ¿Que nos quedaba para las 35hs que nos faltaban recorrer? ¿Cuan seguro sería tener a Cata durmiendo en el mismo compartimento de un hombre alcoholizado?.

Terminé mi cerveza y me fuí al compartimento antes que él haya terminado su segunda botella. Me interesaba advertirle de la situación a Sofia. Lo que más nos preocupaba era el tiempo que restaba y que viajabamos con Sofi Jr y Cata, una nena y una beba. Nosotros podíamos sortear situaciones incómodas, pero con dos nenas era más difícil.

Cada vagón tiene una especie de azafata que se encarga de la limpieza y de asistir en general a los viajeros. Decidimos pedirle cambiar de compartimento, a lo cual nos respondió que estaba todo vendido y en las próximas estaciones se subirían nuevos pasajeros. En medio de eso, vuelve Misha poniendo mas kerosene a la llama de nuestra preocupación, porque no se cuanto mas tomó, pero estaba en un estado que no podía mover los labios. Solo queríamos que se duerma, porque con la ingesta de alcohol que tenía podría dormir por 30hs seguidas. Pero no, seguía firme con las intenciones de hablar, y encima quería alzar a Cata en brazos. ¿Estaba loco? ¿No podía con él y la iba a alzar a Cata? Justificada o injustificadamente, los fantasman se iban adueñando de nosotros. Temporalmente había quedado un compartimento del mismo vagón vacío y hacía allí se mudaron las 3 chicas, quedando solo él y yo solo por algunos minutos, ya que la situación era insostenible y yo también me mudé temporalmente. Atrás mio vino él a nuestro nuevo compartimento.

Insistimos con la Azafata, quién intentó hablar con Misha, pero nos explicó que ella tampoco puede comunicarse, ya que no se asemejan en nada el idioma Kazajo con el Ruso (nosotros ilusos, pensamos que podían entenderse sin problemas) y además Misha ya siquiera modula. La Azafata nos pidió paciencia, que se lo comunicaría al Gerente del tren, quién vino a los 10 minutos, y nos pidió que le demos media hora para resolver la situación. Mientras, Misha le palmeaba la espalda a Sofía grande, y le pedía que le de a Cata.

¿Cuál sería la solución? ¿Lo cambiarían a él de compartimento? ¿Nos cambiarían a nosotros? ¿Nos dirán que no pueden hacer nada y tendremos convivir con el Kazajo las 30hs que quedan? ¿Cuantos vodkas más se tomará?.

Si hay algo que caracteriza a los Rusos entre muchas otras características, es su pragmatismo para resolver situaciones conflictivas. Llevaron adelante la Revolución en 1917, pasaron por dos guerras mundiales, sufrieron a Stalin, jugaron al TEG durante la guerra fría, dominaron decenas de países durante la época de la Unión Soviética, etc etc, pero ¿Podrán resolver el conflicto Argento-Kazajo en un compartimento del Tren Transiberiano? a nosotros nos quedaba la duda, pero confiábamos que si.

Pasó la media hora que nos había pedido el Gerente del tren, y llegamos a la próxima estación, Kuytun, el Kazajo se había vuelto al compartimento original, mientras que nosotros aguantábamos en el compartimento que habíamos usurpado temporalmente. En eso vemos que sube nuevamente el Gerente del tren, pero ahora escoltados por dos policías de 1,90mts cada uno (ningún policía ruso parece medir menos de 1,90), a paso firme pasan por delante nuestro, y siguen hacia el lugar donde se encontraba el Kazajo, le piden el pasaporte, un policía lo revisó, le hizo preguntas, que vaya a saber si Misha entendió, y le pasó el documento al otro policía, que le dió una mirada rápida, lo cerró y con señas le indicó a nuestro compañero de cuarto que agarre sus cosas.

Misha nunca se resistió, agarró sus cosas, y junto a los policías bajó del tren. Inmediatamente el Gerente del tren, un muchacho rubio de ojos claros, de no más de 1,7mts y de uniforme muy prolijo, se acercó a nuestro lugar y dijo, “disculpas por el mal momento que pasaron, ya pueden volver a su compartimento original”.

Nos miramos con Sofía, y luego vimos por la ventana del tren al pobre Misha en cuclillas sobre el andén escoltado por los dos policías. Sinceramente tuvimos sentimientos encontrados, tranquilidad y tristeza, no era nuestra intención que lo bajaran del tren.

Seríamos hipócritas si les dijera que no sentimos tranquilidad, mas que nada por las nenas, pero creíamos que se solucionaba con un cambio de compartimento o al menos con no venderle más alcohol a Misha. Para colmo, volvemos a nuestro compartimento, y vaya a saber si por los efectos del alcohol, o porque lo sacaron rápido del tren, Misha se olvidó muchas de sus pertenencias, una campera, comida y un gorro. El sentimiento de culpa nos invadió aún más- ¿Exageramos la situación? ¿Misha solo tenía intenciones de amistad? ¿Vimos fantasmas donde no los había? Nunca lo sabremos, lo real era que la situación se complicaba cada vez más y quedaba mucho tiempo por delante para compartir en un cuarto de 1,5 x 2mts.

La vida en el transiberiano te pone a prueba a cada momento. La mística del tren es para el extranjero, no para el ruso, Olga, una de las personas que conocimos arriba del tren, nos preguntó: ¿Que hacen arriba de este tren?. Lo que pareció una pregunta sencilla, tiene muchas connotaciones que fuimos entendiendo a medida que transcurrió nuestra vida arriba del tren. La mística del transiberiano, es para el viajero y no es para menos, ya que se trata de la red ferroviaria más grande del mundo, y con una historia tan gigante como  Rusia. Ahora, para el ruso, es un medio de transporte para los sectores de menores recursos, y se les dificulta entender porque un extranjero quiera transportarse allí.

Te podés encontrar con Misha, te podés encontrar con Olga, o con cualquier otra persona. De todos vas a aprender algo positivo o negativo, porque de eso se trata viajar. Nos queda el sabor amargo de como se resolvió de nuestra fugaz pero intensa relación con Misha. Podemos no entender porque se vende alcohol arriba de los trenes, pero también tenemos la obligación de entender que es parte de la idiosincrasia Rusia, y de eso se trata viajar, poder entender un poco más la cultura de cada país.

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6 Comentarios

  1. Anton

    Crazy!

    Responder
    • EMEL

      absolutely hahah

      Responder
  2. Lujan

    Que buen relato, leyéndolo viví casi la misma situación vivida por udes.
    Lo bueno fue q todo fue solucionado y no pasó de ser un recuerdo.
    Ni malo ni bueno un recuerdo.
    Muy bueno.personalmente me encanto

    Responder
    • EMEL

      Totalmente. Solo una experiencia mas de viaje! nos alegra un montón que te haya gustado!

      Responder
  3. Selva

    Hola! Los encontré de casualidad! Ya los empiezo a leer! Que miedo, pero todo suma!! Hermoso viaje !Saludos!!

    Responder
    • EMEL

      Que lindo que nos hayas encontrado!! y nos pone feliz que te guste nuestro material. También nos podés seguir en Instagram como @elmundoesellimite.
      Slds!

      Responder

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